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Lo que sí va como un cohete en España es el precio de la vivienda: su aceleración ya duplica la media europea

El precio de la vivienda en España no solo sigue subiendo: está acelerando. Ese es el verdadero dato relevante de 2025. Durante los últimos trimestres, el encarecimiento interanual ha superado el 10%, alcanzando en el tercer trimestre un 12,1%, más del doble de la media europea, que se sitúa en el 5,4%. España lidera así el ritmo de subida entre las grandes economías del continente.

En Alemania e Italia los incrementos están por debajo del 4%. En Francia los precios apenas se mueven. Finlandia incluso registra descensos. Fuera de la Unión Europea, Estados Unidos y Reino Unido muestran cierta moderación. En cambio, el mercado español vuelve a crecer a una velocidad que recuerda a 2005, en plena expansión de la anterior burbuja inmobiliaria.

Según los datos del Ministerio de Vivienda, el precio medio de la vivienda libre supera ya los 2.150 euros por metro cuadrado, por encima del máximo alcanzado en 2008 antes del estallido de la crisis financiera. Las cifras del Consejo General del Notariado son algo más conservadoras —en torno a 1.900 euros por metro cuadrado—, pero igualmente reflejan una tendencia muy clara: desde 2014 los precios han aumentado un 54%, mientras que la inflación general lo ha hecho un 27%. Es decir, la vivienda se ha encarecido al doble de ritmo que el coste de la vida.

El trasfondo es conocido: un déficit estructural de oferta. El Banco de España estima que faltan alrededor de 700.000 viviendas, y que, al ritmo actual de producción y demanda, ese desfase podría incrementarse en 100.000 unidades cada año. Este desequilibrio no solo tensiona los precios; también puede convertirse en un freno para el empleo, la movilidad laboral y el crecimiento económico.

Las propuestas para abordar el problema son diversas y, en ocasiones, contradictorias: aumentar la construcción, agilizar rehabilitaciones, limitar alquileres turísticos, penalizar viviendas vacías o restringir la compra de múltiples inmuebles. Sin embargo, el consenso social apunta a una percepción clara: casi el 80% de los ciudadanos considera insuficiente el parque público de vivienda y reclama una mayor implicación de las administraciones.

El mercado español se encuentra en una situación compleja. No se observan, de momento, los excesos crediticios de la etapa previa a 2008, pero sí una fuerte presión de demanda frente a una oferta rígida. La gran incógnita no es si los precios han subido —eso es evidente—, sino cuánto tiempo puede mantenerse esta aceleración sin generar efectos secundarios más profundos sobre el acceso a la vivienda y la estabilidad económica.

En este contexto, el reto no es solo contener el precio, sino corregir el desequilibrio estructural entre oferta y demanda. Mientras ese ajuste no se produzca, la tensión seguirá siendo una característica central del mercado inmobiliario español.

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